Texto obtenido de la cuartilla entregada a todos los habitantes del pueblo de Santibáñez de Tera y escrita por Patricio Vara.
Hoy es noticia el cementerio "nuevo". En él, aún no terminado recibió sepultura eclesiástica en agosto del 85, José Manuel Romero Mateos, joven de 33 años.
El 26 de julio del pasado año, 1985, enterrábamos en el cementerio "viejo" a Daniel Vega Fontanillas, soltero, 63 años. Aquellas cuatro paredes son testigo mudo de muchas lágrimas.
Se llamaba el "Cementerio de la Santa Cruz". Así, con este nombre, aparece por primera vez el 17 de diciembre de 1834, en la partida de defunción de un niño, Manuel, hijo de Bernardo Rodríguez y de Victoria Álvarez.
El año anterior, 1833, se declaró en España la terrible enfermedad del cólera, enfermedad contagiosa. Los médicos legaron a la conclusión de que las iglesias eran fuente de contagio. Nada tenía de extraño, teniendo en cuenta que por entonces la mayor parte de las iglesias eran al mismo tiempo cementerios donde se enterraba, en su propio interior. Una Real Orden dispuso ese mismo año que se hicieran cementerios y se dejara d enterrar en las iglesias. Mucha prisa se debieron dar en Santibáñez, ya que el 19 de junio de 1833 se enterraba "en el cementerio" una niña, hija de Agustín Ramos y de Polonia Parra; el primer adulto enterrado fue Alfonso Romero, que recibió sepultura eclesiástica el 20 de agosto de 1833 en el "cementerio provisional".
Hasta entonces, y al menos desde el año 1620, los enterramientos se hicieron en la iglesia. En las partidas de defunción consta el lugar concreto: "al lado del altar", "junto a la puerta de la sacristía", "en el cuerpo de la iglesia", "en la capilla mayor", "en las puertas de abajo", "junto al osario", etc. Viene aquí una pregunta: ¿Cómo se explican las sepulturas encontradas hace años al hacer obras en casa de Serafina y colindantes?; ¿Cómo las que aparecieron (huesos al menos) al hacer la actual casa de Alcira? Puede ser que en un principio estuviera alrededor de la iglesia, como aún actualmente ocurre en muchos pueblos; puede también que sean restos de los huesos del "osario"; y también cabe la posibilidad de que, en una nueva reedificación, se trasladase el lugar de la Iglesia. Será preciso seguir investigando para contestar.
Lo cierto es que el último enterrado en la Iglesia fue Álvaro Vega, que murió de hidropesía el 29 de noviembre de 1832, 46 años, casado, 5 hijos, y fue enterrado junto al altar del Santo Cristo.
Volviendo al cementerio de la Santa Cruz, podemos afirmar que ha permanecido durante 152 años, y, dato también curiosos, en él han sido enterrados 1426 de nuestros antepasados; lo cual supone una media aproximada de 10 defunciones por año. Como es sabido el número mayor es el de párvulos hasta el descubrimiento de la penicilina.
Otro dato curioso aparece al margen de la partida de defunción del párvulo Jacinto-Mateo Turiel Romero, 3 de junio de 1862. En virtud de acuerdo comenzarán a pagar por sepultura 6 reales los párvulos y 9 los adultos, como se venía haciendo en los enterramientos de la iglesia.
La "Ermita" es otro punto. En ella no sólo se enterró a sacerdotes. En 1841 se entierra en ella a Gregorio Llamas Parra, soltero, de 22 años; en 1844 a Narcisa Gallego y a Gregoria Lera. Posteriormente, al sacerdote Pedro Calabazo; en 1859, a Manuel Miñambres Ramos, padre de Teresa Miñambres y abuelo de mi abuelo Alejo Vara Miñambres. Por lo tanto, no era sólo para sacerdotes. Pero hay un punto más importante sobre el que será preciso seguir investigando. Esta "ermita" es sin duda la misma que existía ya antes de 1748, formando parte de las 4 estaciones que la procesión penitencial de los cofrades de la vera Cruz debían recorrer el día de Jueves Santo después de haberse disciplinado. Las otras eran "los santos mártires", "humilladero", "que están en camino de S. Pedro de Zamudia", como rezan los estatutos de la Vera Cruz, y por fin la iglesia. Sin duda el cementerio d la Santa Cruz se hizo en torno a la ermita de la Vera Cruz. En 1765 se hizo el altar y las piedras costaron 23 reales. En 1758 se puso una llave, que costó 3 reales. En 1784, se gastan 43 reales en teja. El dorado del retablo costó, en 1757, 4 reales; y se había hecho en 1756 por un coste de 159 reales y 13 maravedíses. Todo lo anteriormente expuesto no es más que un tímido ensayo. En Santibáñez tenemos actualmente gente preparada para dar respuesta, intentarlo al menos, a una serie de preguntas y concreciones. "Humilladero", "Santos Mártires",... ¿Había ermita en estos lugares? Ubicación exacta. Índice de mortalidad durante los 152 años de cementerio, explicando causas, etc. Los propios estatutos de la Vera Cruz son una buena cantera de artículos. Ahí queda el reto.